¿POR QUÉ FÚTBOL FEMENINO?

Abordar el fútbol como fenómeno social obliga a entenderlo como algo más que un juego, pues como dijo Santiago Segurola en ‘Fútbol y Pasiones políticas’, “analizando todos sus componentes, -lúdicos, sociales, económicos, políticos, culturales, tecnológicos-, se puede descifrar mejor a nuestras sociedades contemporáneas, identificar mejor los valores fundamentales, las contradicciones que conforman nuestro mundo. Y comprenderlos mejor”.

Dicho esto, no se puede obviar el hecho de que el fútbol es un terreno en el que la masculinidad reina a sus anchas. El antropólogo y sociólogo argentino Eduardo P. Archetti acertó al calificar el deporte rey como “una de las dimensiones más generales de una sociedad y su cultura” que, en paralelo, “se relaciona con la construcción de un orden y un mundo, con su discurso, sus reglas, estrategias y su moral”. Como consecuencia “el saber” sobre fútbol le ha sido negado a las mujeres, tanto en sus versiones más profesionalizadas como en las conversaciones de la vida cotidiana (María Inés Conde, 2008).

Pese a las resistencias, desde los noventa la presencia de las mujeres en los campos, en las gradas y en los espacios de tertulia se impone. De los 800 millones de a?cionados al fútbol, el 38% (unos 300 millones) ya son mujeres según ‘La mujer en el Mundo del Fútbol’, informe realizado por SPORT+MARKT. Si bajamos al terreno de juego, 29 millones de mujeres juegan a fútbol en el mundo, según la FIFA y 1,2 millones en Europa. Y aunque el fútbol femenino sigue afectado por los problemas “de siempre”, ni la falta de recursos ni el escaso interés demostrado por los medios y la sociedad en general o la falta de reconocimiento de sus protagonistas impide que cada vez sean más las mujeres que eligen dedicar su vida, su cuerpo y su alma a este deporte.

El documento Women’s Football Today de la FIFA recoge los datos aportados por las diferentes federaciones nacionales en base a una serie de variables: número de jugadoras federadas, su evolución en los últimos cinco años, número de clubes, sesiones de entrenamiento por semana de la selección o el personal de la federación encargado a tiempo completo al fútbol femenino, entre otras. Los registros no van más allá del 2006 pero a día de hoy es el único intento por parte del organismo de dar una visión de la situación del fútbol femenino en el mundo. Si nos fijamos en el Número de Jugadoras, España se encontraría en el puesto 23, después de países como Estados Unidos, Canadá o Alemania. También nos fijamos en el número de equipos de fútbol femenino que había en España: 2.200.

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Las cifras que España aporta, a través de la RFEF, dan para varias reflexiones. Si comparamos el documento de la FIFA con la memoria de la RFEF para la temporada 2005/06, se observa que las 11.581 corresponden exclusivamente a las licencias recogidas bajo la categoría ya extinta Femenino F. Se deja así fuera de las estadísticas a 4.190 futbolistas que por entonces jugaban con licencia Femenino Base FB. Por otro lado, si ordenamos a los países por el número de clubes con equipos exclusivamente femeninos, España se coloca como el país con más clubes con equipos exclusivamente femeninos del mundo. Por un lado países que se encuentran a la cabeza en número de jugadoras como Estados Unidos o Alemania no aportan datos para estar variable. Aún así, resulta llamativo la diferencia que existe con países que prácticamente igualan a España en número de jugadoras. En España existen 1.700 clubes con equipos exclusivamente femeninos más que en Rusia, aun cuando las rusas nos superan en número de jugadoras federadas. Raro, raro.

También se recoge el número de jugadoras de fútbol sala, 9.042, pero en la memoria de la RFEF (2005/06), las licencias femeninas de fútbol sala son 5.551 futbolistas en Femenino SF y 2.765, Femenino SB. La suma da 8.316.

El informe de la FIFA es un reflejo en si mismo de la situación que el fútbol femenino vive en el mundo, tanto por la información que allí aparece como por la que falta. Hay países que no aportan ni una sola referencia o como mucho alguna cifra correspondiente al total de jugadoras que parece calculada por encima y a ojo. Datos que en teoría proceden de cada federación nacional pero que o bien resulta imposible consultar recurriendo a la fuente original o cuando esto sí es posible se observan incoherencias, como se sucede en el caso español.

Al igual que la FIFA, la UEFA posee el dossier resumen del fútbol femenino Women’s Footbal across the National Associations, de características similares al del organismo internacional que recopila los datos proporcionados por las federaciones. Si bien sus informes van al compás de los tiempos (el último corresponde a la temporada 2013/14), los datos aportados por la RFEF vuelven a generar confusión.

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En primer lugar, advertir que el total de jugadoras registradas (28.154) corresponde al total de licencias que la RFEF contaba a 30 de junio de 2013. Dicho esto como mero apunte lo realmente interesante llega bajo el epígrafe Crecimiento del fútbol femenino (Growth of women’s football),  exactamente en el número de jugadoras federadas para las temporadas 2010/11 y 2011/12. ¿61.394 y 68.399? ¿En serio? ¿Cuándo? ¿Dónde? Y de repente, en la temporada 2012/13, back to reality, ¿y de nuevo no se pasa de las 30.000 licencias? No hemos conseguido saber de dónde proceden estas cifras, pero si nos remitimos una vez más a las memorias de la RFEF, ninguna recoge estos datos.

El volumen de información es importante y por supuesto merece un análisis más en profundidad, que esperamos realizar más adelante.

LAS CIFRAS DE LA FEDERACIÓN. Revisada una parte de los datos disponibles a nivel internacional, pasemos a la información que la RFEF tiene sobre el panorama español. La primera pregunta que nos hacemos es si nuestro país sigue la tendencia global de un incremento en el número de jugadoras con licencia y cómo se comporta ese crecimiento en el caso de que así sea. El número de licencias se mide por las variables Categoría y Comunidad Autónoma. Por el momento, prestamos atención a la primera de ellas. So, here we go!

¿El fútbol femenino en España sigue la tendencia del europeo y mundial? SÍ. El número de licencias femeninas de fútbol se ha duplicado en la última década, pasando de 21.396 en 2004/05 a las 40.885 en la temporada 2013/14. Los datos de la infografía corresponden a las licencias femeninas que gestiona la RFEF tanto en Fútbol como en Fútbol Sala. Considerar el número de licencias para ambas modalidades en su conjunto es una decisión totalmente intencionada. Si pretendemos observar la realidad del fútbol femenino en España, nos resultaría inadmisible descartar al 25% de las futbolistas (federadas) de este país por el mero hecho de que no juegan sobre césped sino en un polideportivo.

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Si prestamos atención a los registros de la última temporada (2013/14) y los comparamos con los de la temporada 2012/13, se obtiene el aumento de jugadoras por tipo de ficha. El crecimiento en las categorías inferiores es indiscutible. 1.571 niñas de entre 5 y 6 años jugaron a fútbol en Debutante, la de más temprana edad. El crecimiento experimentado en las categorías más bajas hasta Cadete puede interpretarse como un creciente interés por el fútbol entre las más pequeñas a la hora de escoger un deporte. Sin embargo, conforme vamos avanzando en edad se observa como el crecimiento de jugadoras federadas es más lento. En algunos casos llega incluso a decrecer, como en el caso de Aficionada, o anecdótico como en Profesional.

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¿Qué lectura se puede extraer de la evolución de licencias por tipología? Pues lamentablemente, la respuesta no es nueva ni desconocida. El abandono del fútbol Verónica Boquete, futbolista del FFC Francfort, argumentaba, en el extraordinario Informe Robinson del pasado 29 de septiembre, llega el momento de tomar una decisión: “Qué pasa si con 17 años te enfrentas a Alemania, le ganas o le haces frente, y en cinco años te meten cinco. Y es que en esos años es el momento de decidir cuánto tiempo le dedico a este deporte o cuánto tiempo le dedico a mi trabajo o a mis estudios”.

La cantidad importa y como se ha visto el aumento en las licencias femeninas es un viento que sopla a favor de las jugadoras. Es una fuerza que se puede y se debe usar pero el reto es preparar el terreno de juego para que las que vienen no tengan que irse.